En muchas escuelas no hace falta: se rota de pareja durante la clase y se procura equilibrar el número de personas que llevan y que siguen. Otras sí piden inscribirse en pareja en ciertos niveles o en clases privadas. Pregúntalo al apuntarte. Rotar tiene una ventaja: aprendes a bailar con estilos y alturas distintos, lo que mejora tu técnica.
Depende del estilo. Para empezar, en muchos bailes sociales valen unos zapatos con suela que gire bien, sin goma que se agarre al suelo. El flamenco requiere zapatos con clavos, el ballet zapatillas de media punta y la danza contemporánea suele practicarse descalzo. Antes de comprar calzado específico, pregunta a tu profesor qué necesitas para tu nivel.
Depende de la coreografía que queráis y de vuestra experiencia previa. Una coreografía sencilla puede montarse en pocas sesiones, mientras que una con portés o cambios de estilo necesita más tiempo y práctica en casa. Conviene empezar con margen para no ir con prisas en las semanas de más organización. La escuela os dirá cuántas clases recomienda tras la primera.
No. Muchas escuelas tienen alumnos que empiezan siendo adultos o en la jubilación, sobre todo en bailes sociales y de salón. Si tienes problemas de rodillas, cadera o equilibrio, consulta con tu médico y comenta las molestias al profesor, que puede adaptar los pasos. Para la danza clásica profesional sí suele empezarse en la infancia, pero como afición no hay límite.
Las enseñanzas oficiales de danza, con títulos de grado elemental, profesional y superior, se imparten en conservatorios y centros autorizados por la administración educativa. Las academias privadas pueden preparar para las pruebas de acceso a esas enseñanzas o expedir diplomas propios, que no son títulos oficiales. Si buscas una formación profesional, pregunta si el centro está autorizado.
Aprender a bailar puede ser una forma de hacer ejercicio, de socializar, de expresarse o de preparar un momento especial como una boda. Las escuelas de baile y danza cubren todos esos objetivos, pero cada una tiene sus estilos fuertes y su ambiente. Esta guía te ayuda a encontrar la que encaja contigo o con tus hijos.
Salsa, bachata, kizomba, merengue o cha-cha-chá. Se bailan en pareja, con una persona que lleva y otra que sigue, y tienen una vida social activa con fiestas y quedadas en las que poner en práctica lo aprendido.
Vals, tango, foxtrot, pasodoble, rumba o swing. Se puede aprender como afición o competir en baile deportivo, con su propio sistema de categorías.
Flamenco, sevillanas o danzas tradicionales de cada zona. Muy presentes en academias de toda España, con grupos infantiles y de adultos. El flamenco trabaja zapateado, braceo y compás, y es exigente técnicamente.
Ballet clásico, danza contemporánea y danza española. Requiere técnica y constancia; en la infancia suele ser la base para quien quiere seguir estudios profesionales.
Hip hop, breaking, dancehall, commercial o heels. Populares entre adolescentes y jóvenes, con mucho trabajo de coreografía.
Zumba y otros formatos que usan coreografías sencillas para hacer ejercicio. Se ofrecen también en muchos gimnasios.
Muchas escuelas preparan el primer baile de los novios, coreografías sorpresa para invitados o actuaciones para fiestas. Lo habitual son clases privadas en las que se elige la canción, se adapta la coreografía al nivel de la pareja y se ensaya con el calzado y, si es posible, con una falda o un vestido similar al del día. Ten en cuenta el espacio real de la pista y si habrá fotógrafo para colocaros bien.
Para los más pequeños, la iniciación a la danza o la psicomotricidad musical trabaja ritmo, coordinación y expresión con juegos. Más adelante pueden elegir estilo. Si tu hijo o hija muestra interés por la danza profesional, infórmate sobre las enseñanzas oficiales y sus pruebas de acceso. Valora también las exhibiciones de fin de curso: pregunta si implican vestuario o cuotas adicionales.
Las clases en grupo son la forma más habitual de aprender: resultan más asequibles, permiten bailar con distintas personas y generan un ambiente que motiva a volver cada semana. Las clases privadas sirven para avanzar más rápido, corregir vicios concretos, preparar una actuación o una competición, o para quien tiene horarios incompatibles con los grupos. Muchas personas combinan ambas: grupo como base y alguna privada de vez en cuando para pulir técnica.
La cuota depende del número de horas semanales, del estilo, del tamaño del grupo, de la experiencia del profesorado y de la ubicación. Las clases privadas y las coreografías nupciales se presupuestan aparte. Pueden sumarse matrícula, vestuario para festivales y calzado específico. Pregunta por todos los costes del curso antes de inscribirte.
El baile mejora la resistencia, la coordinación y la memoria. Si quieres reforzar la fuerza del centro y la postura, combínalo con pilates, o explora otras opciones en el sector de deportes.
Si diriges una academia de baile o danza, puedes publicar tu ficha gratis en MyDirectory y mostrar tus estilos, grupos y horarios.
Para saber más: Tipos de baile: estilos más populares y cuál elegir para empezar