Sí. El pilates se adapta bien a personas que empiezan, porque los ejercicios se pueden modificar y la progresión es gradual. Lo recomendable es comenzar en un grupo de iniciación o con alguna sesión privada para aprender los principios básicos, como la respiración y la activación del centro. Comenta al instructor tu nivel y cualquier molestia que tengas.
Mucha gente que hace pilates refiere sentirse mejor de la espalda, pero el dolor tiene causas muy distintas y no todas se abordan igual. Si tienes dolor persistente, una hernia diagnosticada u otra patología, consulta primero con tu médico o un fisioterapeuta. Algunos fisioterapeutas imparten pilates terapéutico, que se diferencia del pilates de bienestar por su enfoque sanitario.
Depende de tu objetivo y de tu disponibilidad. Para notar avances en fuerza y control, mucha gente practica de forma regular varias veces a la semana, aunque incluso una clase semanal ayuda a mantener la movilidad si se es constante. Lo importante es la regularidad. Puedes combinarlo con otras actividades, como caminar o entrenar fuerza, en los días restantes.
Ropa cómoda y algo ajustada, para que el instructor pueda ver la alineación de tu cuerpo y para que la tela no se enganche en las máquinas. Normalmente se practica descalzo o con calcetines antideslizantes, que muchos estudios exigen en reformer por higiene y seguridad. En clases de suelo, pregunta si el estudio presta esterillas o debes llevar la tuya.
Muchas mujeres practican pilates adaptado durante el embarazo, pero debe ser con el visto bueno de la matrona o el médico y con un instructor formado en pilates prenatal, porque algunos ejercicios se modifican o se evitan según el trimestre. Avisa siempre del embarazo al estudio. Después del parto, lo habitual es esperar la valoración médica antes de retomar.
El pilates es un método de ejercicio que trabaja la fuerza, la movilidad y el control del cuerpo, con especial atención a la musculatura profunda del abdomen, la espalda y la pelvis, a la respiración y a la precisión del movimiento. Se ha popularizado tanto que hoy conviven estudios especializados, gimnasios que lo incluyen en sus clases dirigidas y fisioterapeutas que lo usan como herramienta. Saber qué tipo de clase buscas te ayuda a elegir bien.
Se practica sobre una esterilla, con el peso del propio cuerpo y, a veces, con accesorios como aros, pelotas, bandas elásticas o rulos. Es accesible, se puede hacer en grupos más grandes y exige mucho control, porque no hay máquina que te ayude o te guíe.
El reformer es una camilla con un carro deslizante y muelles que ofrecen resistencia o asistencia. Permite adaptar la dificultad con precisión y trabajar muchos ejercicios distintos. Otras máquinas clásicas son el cadillac, la silla o chair y el barril. Las clases con máquinas suelen ser en grupos reducidos o privadas, por la limitación de equipos y la necesidad de supervisión.
Con constancia, mucha gente nota más conciencia corporal, mejor postura en el día a día, más fuerza en la zona media y mayor movilidad. Los cambios son progresivos. El pilates no es una actividad de gran gasto calórico, así que si tu objetivo principal es perder peso, conviene combinarlo con otras formas de ejercicio y con hábitos de alimentación adecuados.
El precio depende de si la clase es de suelo o con máquinas, del número de alumnos, de la frecuencia semanal, de la experiencia del instructor y de la ubicación. Las sesiones privadas y las de reformer suelen costar más que las de suelo en grupo. Muchos estudios funcionan con bonos mensuales de un número fijo de clases; revisa si caducan y si se pueden recuperar.
El pilates se complementa bien con el yoga, que aporta trabajo de flexibilidad y relajación, y con el entrenamiento de fuerza en un gimnasio. Si buscas otras actividades, revisa el sector de deportes.
Si diriges un estudio de pilates o das clases, puedes publicar tu ficha gratis en MyDirectory y explicar tu método y tus horarios.
Para saber más: Pilates reformer o pilates en suelo: diferencias y cuál elegir