El guarnecido es la primera capa de yeso, más gruesa, que se aplica sobre el ladrillo para regularizar la pared y dejarla a plomo. El enlucido es la capa final, muy fina, que da la superficie lisa lista para pintar. En muchas obras ambos se hacen seguidos con yesos distintos, cada uno adecuado a su función.
Muchas veces sí. Si las placas o el cañizo siguen bien sujetos, se pueden sanear las grietas, reforzar las uniones y volver a enlucir. Si el techo cede, suena hueco en zonas amplias o se ha mojado por una fuga, puede ser necesario desmontar y rehacer parte o todo. Antes de reparar, conviene resolver la causa: una gotera, una vibración o un movimiento de la estructura.
El yeso es sensible a la humedad prolongada, por lo que en zonas de salpicadura directa, como duchas o frentes de fregadero, no es el soporte adecuado sin protección. En el resto del baño o la cocina, con buena ventilación y una pintura apropiada, se usa con normalidad. En zonas húmedas se suele preferir mortero de cemento o placa hidrófuga bajo el alicatado.
Es un trabajo propio de escayolistas con experiencia en restauración. Se toma un molde o una plantilla del perfil existente y se reproduce la pieza que falta, ya sea corrida en obra o fabricada en taller. Es habitual en pisos antiguos con techos decorados. Pide fotos de trabajos parecidos y pregunta si hacen los moldes ellos mismos.
No es mejor ni peor, sino distinto. El proyectado a máquina permite cubrir grandes superficies con rapidez y un espesor homogéneo, por lo que se usa mucho en obra nueva y reformas amplias. El aplicado a mano resulta más práctico en reparaciones, superficies pequeñas o zonas con muchos recortes. Ambos necesitan un buen maestreado para quedar planos.
El yesero es el profesional que reviste paredes y techos con yeso para dejarlos planos, lisos y listos para pintar. Es un oficio clásico de la construcción española que convive hoy con la tabiquería seca, pero que sigue siendo imprescindible en obra de ladrillo, en rehabilitación de edificios antiguos y en todo lo relacionado con la escayola decorativa. Dentro del oficio hay especialidades: quien proyecta yeso en grandes superficies y quien restaura una cornisa de principios del siglo pasado no hacen exactamente lo mismo.
El trabajo básico: regularizar con yeso las paredes de ladrillo y darles una superficie fina. Un buen yesero coloca maestras, guías verticales, para que la pared quede a plomo y sin ondulaciones, y protege las esquinas con guardavivos.
Con máquina de proyección, el yeso se lanza sobre la pared y después se reglea y alisa. Agiliza obras grandes y reformas completas.
Falsos techos de placas de escayola colgadas con varillas o estopa, muy habituales en pisos construidos hace décadas. Se siguen instalando y reparando.
Elementos decorativos de escayola, corridos en obra con plantilla o fabricados en molde y colocados después. Se reproducen piezas antiguas o se diseñan nuevas.
Grietas, desconchones, rozas abiertas por electricistas o fontaneros, paredes dañadas por humedad ya resuelta y cantos rotos.
La decisión depende del tipo de obra. El yeso aplicado directamente sobre ladrillo forma una superficie maciza y resistente a los golpes, sin cámaras huecas. La placa de yeso laminado es más rápida, seca y permite ocultar instalaciones o integrar aislamiento. Muchos yeseros trabajan ambos sistemas; si buscas específicamente tabiquería seca o techos con iluminación integrada, consulta la categoría de pladur.
Los metros cuadrados, la altura de techos, el estado del soporte (no es lo mismo una pared nueva de ladrillo que una antigua con restos de pintura y humedad), el número de esquinas, huecos y recortes, la técnica a mano o proyectada, y en el caso de la escayola decorativa, la complejidad de los perfiles y si hay que fabricar moldes. Las reparaciones pequeñas tienen un coste mayor por metro debido al desplazamiento y la preparación.
En viviendas antiguas es frecuente encontrar muros de fábrica tradicional, tabiques de ladrillo fino y techos de cañizo revestidos con yeso. Al intervenir sobre ellos, el yesero debe valorar si conviene conservar el revestimiento original y repararlo por zonas o picarlo y rehacerlo. Conservar suele ser preferible cuando el yeso está bien adherido y hay decoración que merece la pena mantener. En muros con humedad o sales, el yeso nuevo se estropeará si no se resuelve antes el origen del problema; por eso, en rehabilitación, el yesero trabaja a menudo después de que se hayan reparado cubiertas, bajantes o humedades por capilaridad.
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Para saber más: Yeso o pladur: diferencias y cuándo conviene cada uno en tu reforma