Sí, en la práctica se refieren a la misma profesión. Aparejador es la denominación tradicional y arquitecto técnico la que se usa desde hace décadas en la titulación. Hoy muchos profesionales tienen el grado en Ingeniería de Edificación o equivalente, que da acceso a la misma profesión regulada. Lo que importa es que esté colegiado y habilitado para el trabajo que le encargas.
En muchas reformas interiores sin cambio de uso ni intervención en la estructura general del edificio, sí puede redactar la documentación técnica y dirigir la obra. Cuando la intervención afecta a la estructura, cambia la configuración del edificio o el uso, la competencia puede corresponder a un arquitecto. Pregúntaselo antes de encargar y consulta qué pide tu ayuntamiento.
Se exige en obras donde intervienen varias empresas o trabajadores autónomos, algo muy frecuente incluso en reformas. Lo designa el promotor, es decir, quien encarga la obra. Si contratas una sola empresa que lo hace todo con sus propios trabajadores, puede no ser necesario. Si tienes dudas, un arquitecto técnico te dirá si tu obra lo necesita.
No hay una frecuencia fija para todas las obras: depende del tamaño, del ritmo de trabajo y de las fases críticas, como cimentación, estructura o impermeabilización, en las que la presencia es más importante. Acuerda por escrito un mínimo de visitas y pide que cada una quede reflejada en un acta o en el libro de órdenes, con fotos.
Es un estudio que identifica daños en un edificio, como grietas, humedades o desprendimientos, analiza sus causas probables y propone soluciones. Conviene pedirlo antes de comprar un inmueble antiguo, cuando aparecen fisuras nuevas o antes de una reparación importante, para no tratar el síntoma sin resolver el origen del problema.
El arquitecto técnico, conocido tradicionalmente como aparejador, es el profesional que se ocupa de que la obra se ejecute bien: que los materiales sean los previstos, que las partidas se hagan con la calidad exigida, que las mediciones cuadren y que se trabaje con seguridad. Mientras el proyectista define qué se construye, el arquitecto técnico controla cómo se construye en el día a día.
Forma parte del sector de arquitectura e ingeniería y es una profesión regulada: para ejercer hay que estar colegiado. Además de la obra nueva, es un perfil muy habitual en reformas, rehabilitación y mantenimiento de edificios.
Forma parte de la dirección facultativa. Verifica la recepción de materiales, controla la calidad de la ejecución, ordena ensayos cuando hacen falta, firma junto al director de obra el certificado final y elabora la documentación de seguimiento.
Redacta o revisa el estudio o estudio básico de seguridad, aprueba el plan de seguridad de la constructora y vigila que se cumpla. En reformas con varios gremios es una figura que se olvida a menudo y que puede ser obligatoria.
En muchas reformas interiores puede redactar la documentación que pide el ayuntamiento y dirigir la obra. Cuando el encargo afecta a la estructura principal o cambia el uso del edificio, puede ser necesario un arquitecto.
Un buen arquitecto técnico es independiente de la constructora. Si te lo propone la propia empresa que hará la obra, valora si eso te da el control que buscas.
Los honorarios son libres. Influyen el presupuesto y la duración de la obra, el número de visitas, si asume también la coordinación de seguridad, la complejidad técnica del edificio, la urgencia y la distancia. En informes, pesa el número de viviendas o la superficie inspeccionada y si hacen falta catas o ensayos.
Dale toda la documentación disponible del inmueble, comparte el contrato con la constructora antes de firmarlo y pide que cada visita deje constancia escrita. Cuanto antes intervenga, más útil es: revisar un presupuesto de obra antes de firmar evita muchos problemas.
Las comunidades de propietarios son uno de los clientes más habituales de los arquitectos técnicos. Cuando hay que rehabilitar una fachada, sustituir una cubierta, instalar un ascensor o reparar daños tras una inspección, el técnico define qué hay que hacer, prepara un documento con las partidas para que varias empresas presupuesten sobre la misma base y después controla la obra. Esto ayuda a la junta a comparar ofertas con criterio y a justificar las derramas ante los vecinos. También puede asesorar sobre la documentación necesaria para solicitar ayudas a la rehabilitación cuando existan convocatorias, que dependen de cada comunidad autónoma y de cada momento. Es útil que asista a la junta en la que se aprueba la obra para responder a las dudas de los propietarios.
Si tienes un despacho de arquitectura técnica, puedes publicar tu ficha gratis en MyDirectory e indicar los servicios y zonas en las que trabajas.
Para saber más: Arquitecto o arquitecto técnico: diferencias y a quién llamar