No todas. En algunas, como Cataluña o Baleares, existe la cédula como documento propio. En otras, la habitabilidad se acredita con la licencia o declaración de primera o segunda ocupación que gestiona el ayuntamiento, y en otras no se pide para viviendas usadas. Pregunta a un técnico local o consulta la web de vivienda de tu comunidad antes de vender o alquilar.
En las comunidades donde existe, la cédula de viviendas usadas suele tener un plazo de validez limitado y hay que renovarla cuando vence si vas a vender, alquilar o contratar suministros. La duración concreta la fija cada normativa autonómica. Revisa la fecha de la tuya antes de poner la vivienda en el mercado para no retrasar la operación.
En las comunidades donde es obligatoria, alquilar sin cédula vigente puede acarrear sanciones administrativas y problemas con los suministros, porque las compañías pueden pedirla para nuevos contratos. Además, el inquilino tiene derecho a que la vivienda cumpla las condiciones mínimas. Si la tuya está caducada, tramita la renovación antes de firmar el contrato.
El técnico te dirá qué falla y si se puede corregir con obras sencillas, como mejorar la ventilación de un baño o adaptar una instalación. Algunas normativas prevén condiciones distintas para edificios antiguos. Si el problema es estructural o de superficie mínima, la solución puede ser más compleja. Pide que te lo explique por escrito antes de decidir.
Depende del organismo y de la época del año. En algunos lugares el trámite es ágil una vez presentada la documentación completa y en otros hay más espera, sobre todo si piden subsanaciones. El técnico suele conocer los tiempos habituales de tu zona. Encárgala con margen si ya tienes comprador o inquilino.
La cédula de habitabilidad es un documento administrativo que confirma que una vivienda reúne las condiciones mínimas para ser habitada: superficie, altura libre, iluminación y ventilación naturales, instalaciones básicas de agua, electricidad y saneamiento, y una distribución que permita su uso como vivienda. No valora si la casa es bonita o está reformada, sino si cumple unos mínimos de salubridad y uso.
Es un trámite muy ligado al territorio. En algunas comunidades autónomas tiene ese nombre y es un documento propio; en otras, la función equivalente la cumple la licencia o declaración responsable de primera ocupación, para viviendas nuevas, o de segunda ocupación, para viviendas usadas. Y en otras no se exige al vender o alquilar. Por eso, lo primero es saber qué pide la tuya.
Al terminar la obra, la dirección facultativa emite el certificado final y, con él, se solicita la cédula o la licencia de primera ocupación. Sin ese documento, puede ser difícil contratar los suministros definitivos o inscribir la vivienda como tal.
En las comunidades donde se exige, la cédula de segunda ocupación se pide al vender, alquilar o contratar de nuevo los suministros, y se renueva cuando caduca. El técnico visita la vivienda, comprueba que cumple las condiciones de la normativa aplicable y emite un certificado que se presenta ante la administración.
El certificado técnico lo firma un profesional competente, normalmente un arquitecto o un arquitecto técnico. Después se presenta ante el organismo de vivienda de la comunidad autónoma o ante el ayuntamiento, según el caso. Muchos técnicos del sector de arquitectura e ingeniería ofrecen el servicio completo: visita, certificado y presentación.
Busca un profesional que trabaje habitualmente en tu municipio, porque conocerá el procedimiento y los criterios de la administración local. Pide que el presupuesto indique si incluye la tasa y la presentación, y si cobrará aparte una segunda visita en caso de que haya que corregir algo. Pregunta también si puede hacer en la misma visita el certificado energético, que también necesitarás para vender o alquilar.
La superficie de la vivienda, si hay que medir o dibujar planos desde cero, la necesidad de una segunda visita, la urgencia y la tasa administrativa, que varía según la comunidad. Combinar varios trámites con el mismo técnico puede ahorrar desplazamientos.
Comprueba la situación de la vivienda en cuanto empieces a pensar en la operación, no cuando ya tengas fecha de firma. Si la cédula está vigente, guarda una copia digital para enviarla a la inmobiliaria, al notario o al inquilino. Si está caducada o no existe, encarga la visita técnica cuanto antes: así tendrás tiempo de corregir pequeñas deficiencias sin presión. Si has hecho reformas sin licencia, coméntalo al técnico desde el principio, porque puede afectar al trámite y es mejor conocer el alcance del problema antes de comprometerte con un comprador.
Si eres técnico y gestionas este trámite, puedes dar de alta tu ficha gratis en MyDirectory e indicar en qué zonas trabajas.
Para saber más: Qué es la cédula de habitabilidad y cuándo es obligatoria